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Pintando la madera: barnices

 

OK, tenemos todo blanquito, impecable, un espectáculo, pero las maderas a la vista no acompañan. El botazo da asco, está feo, gris, el barniz casi no existe más, y no te digo de la caña del timón, los pasamanos, las barandas...

 

Como se dice, en la ribera hay de todo, y hay casi tantas recetas para barnizar como embarcaciones hay. Existe una actitud asumida con resignación en el sentido de que cada seis meses hay que dar una mano de barniz, porque más no dura. Esto es falso. 

 

El barniz no dura porque a) no se usa el adecuado, y sobre todo, b) no se lo aplica como corresponde.

 

El peor barniz, bien aplicado, puede durar más que el mejor, mal dado.

 

Con los barnices no vale dar una mano gruesa, como sale de la lata, sin lijar previamente. Exactamente ésta es la manera en que no va a durar más de los seis meses de rigor.

 

Pregúntese, y sea sincero en la respuesta: por qué, si con la pintura tratan de tomarse todos los recaudos y se hacen las cosas lo mejor posible, los barnices se enchastran?

 

Pues bien, los barnices son también pinturas –sin pigmentos- y merecen ser tratados como lo que son, considerando que deben realizar un trabajo muy especializado, como lo es impedir que la madera sufra al mismo tiempo que realzan su belleza.

 

La madera tiene alma, dicen los viejos –y sabios- carpinteros, y si se la cuida contaremos con su nobleza por siglos. El barniz es su guardián. De nosotros depende.

 

Hablemos de los barnices más difundidos, los sintéticos.

 

Partiendo de la madera desnuda y lijada, una manera clásica de hacer un buen barniz es dar una primera mano compuesta de un 25 % de barniz y un 75 % de aguarrás. Ésta desaparecerá rápidamente de la superficie, absorbida por los poros de la madera, y al secar dejará la madera áspera. Dejemos secar bien, lijemos, y ahora demos una segunda mano compuesta por un 50 % de barniz y un 50 % de aguarrás. Dejemos secar, lijemos y apliquemos ahora 75 % de barniz y 25 % de aguarrás. Dejemos secar, lijemos y apliquemos dos manos prácticamente puras, sin lijar y separadas por 24 horas como mínimo y 48 horas como máximo. Todo esto puede hacerse a pincel, rodillo o soplete, dando manos ni muy finas ni muy cargadas.

 

Este barniz durará muy mucho más que seis meses, y todo lo que necesitará para mantenerlo es una lijada y una mano fina de vez en cuando. Está bien, no todo el mundo tiene el tiempo y las ganas (o el dinero para pagar la mano de obra), pero esto es así.

 

Vea que lo anterior es el esquema de mínima. He visto dar veinticinco (!) manos de barniz con diluciones decrecientes. El resultado es digno de Hollywood, y, con un cuidado razonable, no digo eterno, pero duradero por décadas.

 

Lo dicho vale para cualquier barniz. Por supuesto, el que conviene para el barco es un buen barniz marino, que incorpora en su fórmula aditivos que lo hacen particularmente adecuado para resistir el sol y la intemperie.

 

Los barnices marinos actuales son alquídicos (¨sintéticos¨), y algunos tienen también algo de poliuretano en su composición. Casi todos se diluyen con aguarrás mineral (que sea de buena calidad; no estropee un buen barniz con aguarrás berreta), aunque hay uno de calidad superior que tiene su diluyente específico.

 

Hemos hablado de barnices de un solo componente, los usados en la náutica. También hay poliuretanos de dos componentes que son incoloros (de curado lento, muy resistentes, ideales para los interiores del barco) y epoxies incoloros; recuerde que estos últimos no son aptos para estar al sol.

 

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